Es de todos bien sabido que en
la Antigua Roma se practicaban numerosos deportes y se realizaban espectáculos
de todo tipo. De entre estos últimos podríamos destacar los juegos de
gladiadores, las matanzas de animales salvajes o las carreras de carros.
Las tradicionales carreras de
carros llegaron directamente desde la tradición Griega, específicamente de los
Juegos Olímpicos. Levantaban pasiones entre los romanos y ayudaban a que los
cónsules menos populares durante su propio consulado se ganaran el apoyo del
pueblo realizando juegos de dicho calibre e incluso aportando dinero propio
para la realización de estos.
Podríamos equiparar el valor
que se le daba a estas carreras al valor que hoy en día tiene en la calle el
fútbol. Al igual que a los jugadores, a los aurigas
también se les aclamaba, pero en especial a los caballos que tiraban de los
carros, quienes eran más protagonistas e incluso conocemos casos en los que los
animales eran más venerados que el propio auriga.
Según el estilo romano los
equipos o factiones de aurigas estaban formados por los
diferentes grupos sociales existentes en la época por lo que adquirían un
carácter político. Estos equipos tenían un gran apoyo por parte de los
espectadores, lo que en ocasiones provocaba disturbios entre los seguidores de los
diferentes equipos.

Este espectáculo se ha
convertido en un instrumento tanto para la literatura como para el cine de
acción, histórico e incluso bélico. Como referencias literarias cabe destacar Circo Máximo de Santiago Posteguillo.
Tuvo gran acogida en el cine en
1959 la película titulada Ben-Hur donde
se muestra claramente lo que sería una verdadera carrera de carros y caballos
en la Antigua Roma. Está ambientada en la provincia de Judea en tiempos del emperador
Tiberio. No podemos decir que esta
tradición se haya perdido a día de hoy ya que se hacen continuas referencias y
adaptaciones ya sea en cine o en un registro escrito.

Esta
entrada ha sido realizada por Ana Belén García Bonillo (@anabgarcia20 en
Twitter)