sábado, 30 de agosto de 2014

Origen y expansión del Latín

El latín debió de aparecer hacia el año 1000 a. C. en el centro de Italia, al sur del río Tíber, con los Apeninos y el mar Tirreno al oeste, en una región llamada Latium (Lacio), de donde proviene el nombre de la lengua y el de sus primeros habitantes, los latinos; sin embargo, los primeros testimonios escritos datan del siglo VI a. C., como la inscripción de Duenos y otras similares.
En los primeros siglos de Roma, desde la fundación al siglo IV a. C., el latín tenía una extensión territorial limitada: Roma y algunas partes de Italia, y una población escasa. Era una lengua de campesinos.
Así lo demuestran las etimologías de muchos términos del culto religioso, del derecho o de la vida militar. Destacamos los términos stippulare ('estipular'), derivado de stippa ('paja'), o emolumentum ('emolumento'), derivado de emolere ('moler el grano'), en el lenguaje del derecho.
En este sentido, los latinos, desde época clásica al menos, hablaban de un sermo rusticus ('habla del campo'), opuesto al sermo urbanus, tomando conciencia de esta variedad dialectal del latín. «En el campo latino se dice edus ('cabrito') lo que en la ciudad haedus con una a añadida como en muchas palabras».
Mapa que muestra la actual Italia, lugar en el que
 el latín convivía junto a otras lenguas en el 250 a.C.
Después del periodo de dominación etrusca y la invasión de los galos (390 a. C.), la ciudad fue extendiendo su imperio por el resto de Italia. A finales del siglo IV a. C., Roma se había impuesto a sus vecinos itálicos. Los etruscos dejaron su impronta en la lengua y la cultura de Roma, pero los griegos presentes en la Magna Grecia influyeron más en el latín, dotándolo de un rico léxico.
El latín de la ciudad de Roma se impuso a otras variedades de otros lugares del Lacio, de las que apenas quedaron algunos retazos en el latín literario. Esto hizo del latín una lengua con muy pocas diferencias dialectales, al contrario de lo que pasó en griego. Podemos calificar, pues, al latín de lengua unitaria.
Después, la conquista de nuevas provincias, primero las Galias con César, hasta la de la Dacia (Rumania) por parte de Trajano, supuso la expansión del latín en un inmenso territorio y la incorporación de una ingente cantidad de nuevos hablantes.
Paralelamente a la expansión territorial de Roma, el latín se desarrolló como lengua literaria y como lingua franca a la vez que el griego, que había tenido estos papeles antes. Desde el siglo II a. C., con Plauto y Terencio, hasta el año 200 d. C. con Apuleyo tenemos una forma de latín que no tiene ninguna variación sustancial. o una gran expansión territorial.

sábado, 9 de agosto de 2014

Indumentaria militar de la Roma Antigua

La gente guerrera, entre los romanos de los primeros siglos defendía su cabeza con la galea o casco de cuero y placas metálicas y el tronco por medio de una armadura también de pequeñas placas. Pero después de la conquista de las Galias se adoptó el cassis o casco de metal (usado antes por celtas e iberos) con yugulares y cubrenuca y la cota de malla para el tronco si bien algunos cuerpos especiales del ejército usaban armaduras particulares:
  • Los velites, cuerpos de infantería ligera que empezaban los primeros el ataque llevaban ócreas o resguardos metálicos (de bronce, por lo común) en la pierna izquierda
  • Los hastati o hastarios (armados con dos jabalinas) llevaban ócreas en la pierna derecha pues era la que adelantaban al combatir
  • Los legionarios se protegían el pecho y la espalda con una loriga o coraza flexible de tiras de acero y el brazo con un corto brazal de bronce
  • Los buenos escuadrones de caballería llevaban en lugar de lo anterior la lorica squamata o plumata, dispuesta en forma de escamas de metal cosidas sobre cuero o tela fuerte.

Escudos usados por los hastati
Se ceñía la loriga de cualquier tipo que fuera con el cingulum o cintum, cinturón de cuero chapeado de metal y sujeto con fíbula, del cual pendía la espada. Ésta se llevaba también pendiente de bálteus o tahalí, propio de los jefes que iba terciado ante el pecho desde el hombro derecho hasta el lado izquierdo de la cintura. Los emperadores y otros altos jefes de la milicia romana se servían de una coraza de dos piezas (peto y espaldar) adornadas con relieves y adaptadas perfectamente al tronco según aparece en sus estatuas y sobre ella vestían el paludamentum, especie de clámide larga y holgada que estuvo en uso durante el Imperio y a la vez llevaban sobre el casco una cimera o apex y un penacho o crista al modo griego lo cual era también propio y distintivo de los centuriones.
Ilustración de un vélite según Theodore Ayrault Dodge, en 1861.

jueves, 17 de julio de 2014

Instituciones de la República Romana (III): El tribuno de la plebe

En anteriores entradas ya hablamos de dos de las instituciones más importantes de la República Romana, los Comicios y la Magistraturas. Antes de hablar de la tercera de las instituciones de Roma, el Senado, vamos a hablar de otra institución, el tribuno de la plebe, la institución creada para defender los derechos de los plebeyos frente a la autoridad de los cónsules y el Senado.
La institución de los tribunos de la plebe fue creada el año 494 a.C., quince años después de la expulsión de los reyes y la creación de la República el año 509 a.C.. En estas fechas una serie de enfrentamientos entre los plebeyos, agobiados por la deuda, y las autoridades patricias de la República, llevaron a los plebeyos al borde de una revuelta contra los cónsules. Siguiendo el consejo Lucio Sicinio Veluto, los plabeyos salieron en masa de Roma y acamparon en el Mons Sacer, un monte a las afueras de Roma. Presa del pánico, el Senado envió a Agripa Menenio Lánato, un ex cónsul muy querido por los plebeyos, para negociar el regreso de estos a Roma. Los plebeyos pusieron como condición la creación de un tribunado especial para representar a los plebeyos y protegerlos del poder de los cónsules, además de la creación del Consejo de la plebe. Bajo estas condiciones, los plebeyos regresaron a Roma.

 Retirada de los plebeyos al Mons Sacer (Monte Sacro) para exigir derechos a los patricios

Las funciones y el número de los tribunos de la plebe variaron con el tiempo. Inicialmente eran dos, número igual al de los cónsules cuyo poder tenían que limitar. Posteriormente su  número sería aumentado a cinco, y más tarde a diez. Eran elegidos por el Consejo de la plebe para un mandato de un año, y no podían pertenecer a la clase senatorial. Los tribunos no eran considerados magistrados romanos, ya que en su elección solo participaban los plebeyos y no todo el pueblo romano. Por ello no tenían derecho a la silla curul, ni a los lictores, ni a la toga e insignias de los magistrados.
El tribunado sería sacrosanto, lo cual significa que quien la ocupase estaría protegido de cualquier daño físico, y que tendría el derecho de auxiliar a los plebeyos y rescatarlos del ejercicio del poder de un magistrado patricio (ius auxiliandi).
Más tarde los Tribunos adquirirían un poder mucho mayor a través de la concesión del ius intercessionis, que les daba el poder de veto sobre cualquier ley o propuesta de cualquier magistrado, incluyendo los cónsules. Como representante principal de los plebeyos romanos, se requería que la casa del tribuno estuviera abierta todo el tiempo, día y noche. Los tribunos eran auxiliados en sus funciones por los ediles plebeyos, también elegido por el Consejo de la plebe por un año.
Los tribunos de la plebe tenían poder para permitir a un plebeyo evitar el servicio militar, para impedir que un plebeyo fuese arrestado por deudas, y para demandar a cualquier ciudadano romano, incluyendo a los cónsules y altos magistrados hasta entonces exentos de responsabilidad en el ejercicio de su cargo. También tenían autoridad para cumplir el derecho de provocatio ad populum, un antecesor del actual habeas corpus. Todo ciudadano podía apelar las decisiones de un magistrado ante un tribuno de la plebe gritando “¡Provoco te ego!”. El tribuno debía analizar el caso y determinar la legalidad de la decisión del magistrado.
El tribuno también tenía poder para ejercitar la pena capital sobre cualquier persona que interfiriese en el ejercicio de sus actividades. El carácter sacrosanto del Tribuno se reforzaba mediante un juramento solemne de todos los plebeyos de matar a cualquier persona que dañase a un Tribuno durante sus actividades. El Tribuno era la única persona con poder para convocar el Consejo de la plebe y presidirlo, siendo el único con capacidad para proponer legislación (plabiscitos) al Consejo. El Tribuno también podía convocar al Senado y presentar propuestas en esa institución. 
Lucio Cornelio Sila, como dictador, recortó severamente los poderes de los tribunos de la Plebe, eliminando su poder de veto y su capacidad de proponer leyes al Consejo sin el consentimiento del Senado. Más tarde el Tribunado fue restaurado en su poder anterior, durante el consulado de Craso y Pompeyo. 
A través de la historia de la república y hasta su caída, hubo importantes personajes que utilizaron a los tribunos para su gloria y ganancia personal. Clodio y Milón, por ejemplo, fueron tribunos que utilizaron la violencia en el Consejo y en las calles para conseguir lo que les solicitaban Pompeyo y Julio César. Cuando el Senado denegaba alguna solicitud, como por ejemplo tierra para los veteranos de Pompeyo o una prolongación del gobierno en la Galia para César, se acudía a los tribunos y se buscaba conseguirlo a través del Consejo.
El primer emperador romano, César Augusto, recibió todos los poderes del tribunado de la plebe sin ostentar formalmente el puesto (tribunicia potestas). Ésta formaba una de las bases en las que Augusto basaba su autoridad. Le daba el derecho de veto y la autoridad para convocar el Senado. También se convertía en una figura sacrosanta y podía ejercer la pena capital en el ejercicio de sus deberes. La mayoría de los reinados de los emperadores comienzan con la asunción de la autoridad del tribuno de la plebe, aunque algunos emperadores la recibieron ya durante el reinado de su antecesor.


martes, 1 de julio de 2014

Incitatus, el caballo de Calígula

Incitatus y Calígula
Incitatus (en latín, Impetuoso) fue el caballo preferido de Calígula (12-41 dC). Se trataba de un caballo de carreras que había nacido en Hispania, de donde en esa época se importaban a Roma cerca de 10000 equinos cada año.
La devoción de Calígula por su caballo llegaba a extremos ridículos. En un primer momento mandó construirle una caballeriza de mármol con pesebres de marfil para su uso exclusivo, pero pronto llegó a darle
toda una villa con jardines y 18 sirvientes para su cuidado personal. Dormía con mantas de color púrpura (el tinte más caro en la Antigua Roma, reservado a la familia imperial) y llevaba collares de piedras preciosas. Posteriormente, Calígula otorgó a Incitatus el título de Cónsul de Bitinia. Este hecho ha sido tradicionalmente interpretado como fruto de la demencia del emperador, pero lo cierto es que la actitud servilista y pusilánime de los senadores del reinado de Calígula bien pudiera haber influido en dicho nombramiento, volviéndolo un hecho irónico que denotaría el sarcástico desprecio de Calígula hacia las instituciones públicas del Imperio.
Como caballo de carreras que era, Incitatus participaba en las competiciones celebradas en el hipódromo de Roma. La noche anterior a una competición, el emperador dormía junto al animal y se decretaba un silencio general que nadie podía violar en toda la ciudad bajo pena de muerte, con el fin de que el caballo descansase correctamente. Al parecer, Incitatus solo perdió una carrera en su vida, tras la cual Calígula ordenó al verdugo que matase lentamente al auriga para asegurarse de que sufriera.
Estatua de Calígula

martes, 17 de junio de 2014

La diosa Eos (Aurora)

Eos es la diosa de la aurora, hija del dios del fuego astral “Hiperión” y de la diosa de la vista “Tea”, es una descendiente de titanes.
Eos es la diosa de los “sonrosados dedos”, hermana de Helios (Sol) y Selene (Luna) que salía de su hogar al borde del océano que rodeaba el mundo para anunciar al sol, su hermano, para lo que no dudaba en abrir las puertas del infierno subida a un carro tirado por caballos todas las mañanas.
Apolo y Aurora, de Gérard de Lairesse. 1671.
Es una diosa que se representa melancólica y bella. Según la Ilíada de Homero tiene una toga de color azafrán bordada de flores, una corona, largas alas con plumas blancas, brazos dorados y dedos sonrosados. Eos era representada en vasijas áticas.
Eos es considerada como el origen de todas las estrellas y planetas. Sus lágrimas son personificadas por Herse en el rocío en las mañanas.
Según Hesíodo, Eos “brilla sobre todos los que están en la tierra y sobre los inmortales dioses que viven en el ancho del cielo”.
La diosa era tan bella, que tuvo muchos amores, tanto titanes como hombres bellos mortales.
Con Astreo fue madre de los cuatro vientos: Bóreas, Céfiro, Euro y Noto, así como de los planetas y Eósforo, el lucero del alba.
Secuestró a Ganimedes, Céfalo, Clito y Titono para que fueran sus amantes y Afrodita padeció por culpa de ella porque la encontró en la cama con Ares. Pero la bella diosa no fue correspondida por el titán Orión, por el que sentía mucha pasión.
De los amantes que tuvo, Titono fue el más cercano y fiel. Cuando Zeus le robó a Ganimedes para que fuese su copero, Eos le pidió que hiciese inmortal a Titono, pero olvidó pedir la eterna juventud. Titono vivió por tanto para siempre pero se hizo más y más anciano, convirtiéndose finalmente en un grillo.
L'Aurore et Céphale (1733) por François Boucher
Según Hesíodo, Titono y Eos tuvieron dos hijos, Memnón y Ematión. Memnón luchó junto a los troyanos en la Guerra de Troya y fue muerto. Su imagen con Memnón muerto sobre sus rodillas, como Tetis con Aquiles e Isis con Osiris, fue el icono que inspiró la Pietà cristiana.
El rapto de Céfalo tenía un atractivo especial para el público ateniense debido a que éste era un muchacho de la ciudad, por lo que este elemento mítico apareció frecuentemente en las vasijas pintadas áticas y fue exportado con ellas. En los mitos literarios Eos raptó a Céfalo cuando éste estaba cazando y lo llevó a Siria. Pausanias fue informado de que la secuestradora de Céfalo fue Hemera, la diosa del día. Aunque Céfalo ya
estaba casado con Procris, Eos tuvo tres hijos con él, incluidos Faetonte y Héspero. Pero entonces Céfalo empezó a añorar a su esposa, provocando que una contrariada Eos lo devolviese con ella y lo maldijese. En el relato de Higino se cuenta que Céfalo mató accidentalmente a Procris algún tiempo después al confundirla con un animal mientras cazaba; en Las metamorfosis de Ovidio, Procris, celosa, estaba espiándolo y le oyó cantar al viento, Aura, pero creyó que era una serenata a su antigua amante Aurora.

sábado, 14 de junio de 2014

El 11 ideal de la Historia futbolística de Roma

Ante el reciente comienzo del Mundial de Brasil, nos ha parecido interesante escribir algo sobre un equipo de “jugadores” romanos, formado por los emperadores o por personas importantes a lo largo de su historia. Este es nuestro 11 ideal:

Portero: Vespasiano.

Defensas: los Hermanos Graco, Cicerón y Escipión.

Mediocentros: Espartaco, Augusto y Julio César.

Delanteros: Calígula, Trajano y Nerón.

Después de hacer esta pequeña introducción con el 11 titular, vamos con una breve explicación de cada jugador:

Vespasiano: El emperador romano desde el 69 al 79 d. C. impondrá calma a sus jugadores desde la portería. Si supo calmar las cosas tras el año de los tres emperadores, ¿por qué no puede hacer un buen Mundial?

Hermanos Graco: Los dos hermanos ocuparán los laterales, ejerciendo un gran desgaste para defender su reforma de la defensa romana. No son muy queridos por la afición, que les matará en cualquier despiste. De nada les servirá ser tribunos de la plebe.

Cicerón: Convencerá a los atacantes rivales para que no marquen goles. Con sus argumentos, el cónsul romano en el año 63 a. C., conseguirá la nacionalización romana de Arquias, que aportará al equipo grandes dotes de poesía.

Escipión: Se inventará alguna estratagema para que los jugadores rivales no puedan ver claramente la portería. Los atacantes rivales le temen, sobre todo el cartaginés Aníbal.

Espartaco: Al contrario que en la vida real, intentará parar la revolución que han emprendido algunos jugadores suplentes, para no ir convocados nunca más por la selección.

Augusto: En la selección desde muy pequeño. César le reconvirtió al mediocentro hace un par de años. Ganará la batalla por el puesto de mediocentro a su archienemigo Marco Antonio.

Julio César: El mejor jugador, con el 10 a la espalda. El partido se mueve al ritmo que Julio quiere. Tras una pequeña revuelta con Pompeyo, consiguió echar a este y hacerse con el control del equipo.

Calígula: Veloz y rápido, como su caballo el senador. Los jugadores rivales le temen por el pequeño rumor de su locura, sobre todo en los últimos años.

Nerón: Con su arpa y su voz duerme a los defensas rivales para que le resulte más fácil marcar. A veces lleva mechero.

Trajano: Con este jugador llegarán los mayores éxitos de la selección, al igual que pasó durante su imperio en Roma.

sábado, 24 de mayo de 2014

El teatro latino

El teatro era el único género literario que en la época de la helenización de la cultura latina existía ya, de alguna manera, en Roma con una rica tradición popular. El carácter itálico se distinguía por una tendencia a la chanza, a lo grotesco y a lo mordaz que desde antiguo se plasmaba en representaciones improvisadas de gran raigambre popular. Sin embargo, el origen del teatro y de las representaciones dramáticas regladas debe vincularse a la helenización general de la cultura romana tras la primera guerra púnica. El teatro es el más claro ejemplo, aunque no el único, de la habilidad de la civilización romana para apropiarse de manifestaciones artísticas de otros pueblos impregnándolas de su propio espíritu.
En la denominación que la literatura latina utiliza para las obras dramáticas o teatrales no se habla de tragedias y comedias; el término habitualmente utilizado para cualquier tipo de representación teatral es "fabula". La distinción entre unas formas dramáticas y otras se basa más bien en el origen del asunto tratado y en la caracterización de los personajes en escena. No obstante, la tragedia suele presentar como protagonistas a dioses o héroes por lo que su tono es solemne y su lenguaje elevado; en cambio, la comedia se ocupa del hombre de la calle por lo que el lenguaje que utilizan los actores es desenfadado y grosero. Se distinguían así los siguientes tipos de dramas: 
Teatro de Mérida

TRAGEDIA 


Fábula crepidata o coturnata: Tragedia de asunto griego; se caracterizaba porque los actores usaban el "coturno" o bota alta característica de los actores trágicos griegos.  Fábula praetexta: tragedia cuyo tema se basa en la leyenda o en la historia romana. Toma el nombre de la toga orlada que llevaban los hombres ilustres en Roma. 

COMEDIA 


  • Fabula palliata: comedia latina de asunto griego. Recibía este nombre porque los actores se cubrían con el "pallium" o manto griego.
  • Fabula togata: comedia sobre temas y personajes romanos. Los actores vestían la toga. 


Tampoco existió en Roma en los primeros tiempos una especialización de los dramaturgos en trágicos y cómicos. Los iniciadores del género, Livio Andrónico y Nevio, escribieron indistintamente obras de argumento trágico y cómico, sólo a partir de Plauto se observa una tendencia a ceñirse a uno de los géneros. 



Los distintos tipos dramáticos (tragedia y comedia) tuvieron desigual suerte en su desarrollo, conservación y transmisión. La tragedia se cultivó con cierta asiduidad entre el 240 y el 90 a. C., fecha en que muere Accio, el último trágico de la época de la República. Sin embargo, conocemos poco de esta actividad dramática: los nombres de varios autores -Ennio, Pacuvio y Accio-, y algunos títulos y fragmentos. A partir de este momento la tragedia decayó y no se tiene noticia de ninguna tragedia en el último siglo de la República. En la época del imperio el gusto del pueblo por los espectáculos circenses y por el mimo relegó la producción dramática, y más concretamente la de asunto trágico, a los círculos intelectuales donde era recitada; se cargan así las tragedias de ese tono retórico característico de la mayor parte de la literatura de la época de Claudio y Nerón. De este período conservamos las tragedias escritas por Séneca el Filósofo, únicas que nos han llegado completas y entre las que se incluye una fabula praetexta, titulada Octavia, que no se puede asegurar que sea obra suya. 
La comedia latina de asunto griego o fabula palliata está en cambio magníficamente documentada en las obras de los dos grandes cómicos de los primeros siglos de la República: Plauto y Terencio. La comedia dejó prácticamente de escribirse y representarse en el siglo I a. de C., ante la competencia del mimo que había ido evolucionando hacia un tipo de farsa licenciosa, con gran número de personajes y que llegó a ser extraordinariamente popular. 
Aunque la mayor parte de las obras dramáticas que nos han llegado son traducciones o adaptaciones de los originales griegos, sobre todo de Menandro, la libertad en el trabajo de adaptación de los autores latinos es total. Los autores latinos no sólo introducen situaciones nuevas y referencias a su momento histórico, sino que también utilizan en una misma obra argumentos de distintos originales griegos e incluso escenas de autores distintos. Este procedimiento se conoce con el nombre de contaminatio y es particularmente visible en las comedias de Plauto y Terencio. 
Según la tradición las primeras representaciones dramáticas en Roma se deben a Livio Andrónico (c.284/204 a. de C.), esclavo de Tarento, a quien se le encargó, en el 240 a. C., la puesta en escena de una tragedia y una comedia traducidas del griego para celebrar los "ludi Romani" con motivo del final de la primera guerra Púnica.
Sabemos que otros autores como Nevio, Ennio y Accio y Pacuvio, sobrino de Ennio, también escribieron dramas latinos pero sólo han llegado hasta nosotros las comedias de Plauto y Terencio y las tragedias de Séneca.

PLAUTO (s. III- II a. C.) nació en Sarsina, ciudad de Umbria, sobre su vida tenemos datos poco fiable, la mayor parte de las informaciones que tenemos proceden de Varrón (erudito del siglo I a. C., que dedicó grandes esfuerzos a llevar alguna claridad sobre las circunstancias de la vida del poeta umbro). Se sabe que en su juventud trabajó en el entorno de compañías dramáticas y que se dedicó al comercio pero que fracasó; como consecuencia del endeudamiento provocado por su actividad comercial se vio forzado a trabajar como esclavo en un molino. En esta situación escribe tres comedias que obtienen un rápido éxito. Fue el más popular de los autores de comedias y dominó absolutamente la escena romana desde el 215 a. de C., fecha de su primer éxito escénico, hasta el 184 a. C., año de su muerte o, al menos, de su última representación. De las 130 obras que conocemos con su nombre sólo 21 se consideran auténticas. Éstas las conservamos aunque no todas completas.
Las comedias de Plauto son todas palliata: Amphitruo, Asinaria, Aulularia, Captivi, Curculio, Casina, Cistellaria, Epidicus, Bacchides, Mostellaria, Menaechmi, Miles Gloriosus, Mercator, Pseudolus, Poenulus, Persa, Rudens, Stichus, Trinummus, Truculentus y Vidularia, ésta última está en estado muy fragmentario. Sus personajes suelen ser: el joven enamorado, el esclavo astuto, el viejo verde, la matrona estirada… El mismo nombre de los personajes suele ser parlante, es decir nos describe las cualidades físicas o morales de quienes lo llevan por ejemplo: Estáfila, Pseudolo…Y el argumento suele ser siempre muy similar: un joven rico se enamora de una esclava pero no tiene dinero para comprarla así que su esclavo decide ayudar al amo a cambio de su libertad. Con toda clase de engaños el esclavo consigue el dinero para su amo. El final siempre es feliz y se descubre que la joven esclava no es tal, sus padres acaban por reconocerla gracias a alguna marca del cuerpo o algún objeto personal.
La finalidad última del teatro plautino es divertir: pretende conseguir un efecto cómico en cada escena, aunque para ello tenga que sacrificar la lógica interna de la acción. Para lograr el efecto cómico deseado no le importa al autor caer en contradicciones, anacronismos e incongruencias; la caracterización de los personajes es a veces extravagante y las situaciones se alargan frecuentemente más allá de lo verosímil, Todo ello contribuye a dar a las comedias de Plauto un carácter fantasioso que es su principal virtud y que las convierte en intemporales.
Las obras dramáticas suelen ir precedidas de un prólogo en el que alguien (que puede ser un personaje, o alguien disfrazado de dios…) cuenta el argumento e intenta ganarse la atención y el aplauso del público. A menudo se incluyen también dos argumentos, uno de ellos en acrósticos y después la obra dividida en cinco actos y éstos en escenas.

TERENCIO: de origen cartaginés, llegó a Roma como esclavo y fue comprado por el senador Terencio Lucano que después lo manumitió y le dio su nombre según la costumbre. Consiguió entrar en el círculo de influencia de los Escipiones, murió joven. De él sólo se conocen las seis comedias que se nos han conservado completas: Andria (la muchacha de Andros), Hecyra (la suegra), Heautontimorumenos (el atormentador de sí mismo), Eunuchus (el eunuco), Phormio (Formión) y Adelphoe (los hermanos).

Las comedias de Terencio tal y como nos han llegado incluyen antes de los cinco actos una didascalia (conjunto de notas que aportan información adicional sobre el autor, el título original griego, los personajes, el lugar y fecha de representación…) y una períoca (resumen del argumento en doce versos) pero ninguna de las dos cosas fueron añadidas por Terencio sino que son muy posteriores. Lo que sí añadió Terencio son los prólogos que a diferencia de los de Plauto no estaban destinados a agradar al público sino a defenderse del ataque de sus enemigos.

Las comedias de Terencio también se diferencian de las de Plauto de la intención pues Terencio no busca la risa fácil de su público sino que intenta educar, su tono es más solemne y su vocabulario más cuidado tal vez por eso Terencio no tuvo tanto éxito como Plauto. Su comedia Hecyra tuvo que pasar por tres intentos de estreno hasta conseguir que se representara. Aunque los personajes son los mismos, Terencio no rompe la jerarquía social, sus esclavos respetan a los amos, los padres se preocupan por sus hijos…

Una de las principales diferencias entre la tragedia griega y la romana es que la griega estaba escrita para ser representada no leída y, en cambio, con la romana ocurría justo lo contrario. Como ya se ha indicado la tragedia comienza en Roma después de la conquista de Tarento en el año 272 a. C., que supuso a su vez la "conquista" de Roma por la cultura griega, según recoge el célebre verso de Horacio: Graecia capta ferum victorem cepit. Desde esta época hubo poetas que tradujeron o vertieron al latín dramas griegos. Se piensa generalmente que la tragedia no alcanzó nunca en Roma la popularidad que lograron la comedia y otras formas escénicas. Quizá la razón de esta opinión generalizada resida en que sólo nos quedan escasos fragmentos de las tragedias de la época republicana y su carácter retórico los hace poco atractivos. Pero lo cierto es que la tragedia tuvo una larga vida en Roma; se siguió representando por espacio de más de doscientos años y los romanos de la época clásica conocían y apreciaban a Ennio, Pacuvio y Accio como grandes trágicos. 

Durante los primeros años del principado de Augusto se confirma la tendencia a la desaparición de la tragedia y de otras formas de drama literario con pretensiones escénicas. Ya en gran parte del último siglo de la República se había constatado la ausencia de obras nuevas para su representación. Por otra parte, el paso del tiempo había dado lugar a cambios tanto en el estilo como en los gustos literarios, lo que hacía que las obras de los tragediógrafos republicanos parecieran cada vez más arcaicas y rudas a medida que pasaba el tiempo. El público romano, menos cultivado que el griego, mostraba preferencia por los espectáculos circenses y, dentro de los espectáculos escénicos, el mimo, las atelanas y las pantomimas sustituyeron a las obras dramáticas de mayor valor literario. De esta forma en el siglo I d. C. la tragedia se convierte en un ejercicio literario dedicado exclusivamente al recitado y la lectura en círculos literarios e intelectuales. La última representación de una tragedia nueva de la que se tenga noticia oficial tuvo lugar en el año 29 a. C; se trata de la puesta en escena del Thiestes de Lucio Varo Rufo promovida por el propio Augusto para celebrar su victoria en Actium. Algo más tarde tenemos noticias de una segunda tragedia del poeta Ovidio titulada Medea. Ambas obras de la época augústea se han perdido completamente y sólo conocemos los títulos y referencias de los estudiosos de los géneros literarios como Quintiliano. 
Las 10 únicas tragedias que conservamos son de esta época y se nos han transmitido bajo el nombre de Séneca.

SÉNECA: la tradición dice que nació en Córdoba de donde era su familia, era hijo de Séneca el retor. Lo que sabemos de su vida procede en gran parte de sus obras. Su formación fue variada, rica y abierta. Adaptó como suya la filosofía estoica hasta el final de sus días. Su salud siempre fue débil. El emperador Claudio lo desterró a Córcega pero Agripina lo mandó llamar y lo nombró preceptor de su hijo Nerón. Fue tutor y consejero de Nerón hasta que éste le obligó a suicidarse acusándolo de participar en el complot que Pisón había organizado en su contra. No tenemos datos fiables sobre la fecha en que Séneca escribió sus tragedias pero se cree que las escribió antes que sus tratados filosóficos. Sus fábulas coturnatas son: Hércules enfurecido, las troyanas, las fenicias, ésta nos ha llegado incompleta, Medea, que es quizás la más conocida de todas, Fedra, Edipo, Agamenón, Tiestes, Hércules Oetano, de dudosa atribución y la "praetexta", titulada Octavia. A Séneca le gustaba recargar sus tragedias de patetismo y efectismo, destierra completamente la influencia de los dioses por considerar, fiel a su moral estoica, que el hombre es dueño de su propio destino.