Mostrando entradas con la etiqueta Latín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Latín. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de enero de 2017

Las lenguas romances en Europa

Pasada la estabilidad de la pax romana, estabilidad que parecía eterna, las gentes que habitaban los restos de tan glorioso imperio veían su ocaso desde un risco cuyo abismo estaba compuesto de incertidumbre. Mucho había cambiado, la lengua que hablaban era distinta a la hablada por sus análogos Republicanos y más aún a la que usaban sus escritores contemporáneos.

En esta lengua -conjunto de dialectos, más bien- casi todo el caso se había perdido, nuevos vocablos aparecían conforme los bárbaros penetraban el cadáver del imperio como un cuchillo atravesando el cuerpo de un rey moribundo que ha perdido toda gloria, equus se hizo cavallus e ignis, focus. Las palabras habían sido olvidadas junto a las cosas que definían y cada pueblo ganaba, con los años, nuevas caras, caras que le diferenciaban de sus vecinos. Llegó un punto en el que, mientras más lejos viajase uno, menos entendía el habla. 

Nuevas influencias empujaban al latín hacia otros lugares. En Hispania, por ejemplo, Al-Ándalus dio gran cantidad de palabras de origen semítico, en la vieja Galia no bastó con que los germanos cambiasen el habla, ahí la escritura también fue sujeta a modificación, habían nacido las minúsculas carolingias, las que hoy utilizamos.

Si bien las capas más altas denigraban estas nuevas formas de expresión, ni ellos mismos, con su lengua escrita de carácter artificial y muy rígida, obedecían todos los cánones del latín clásico y el idioma que se refugió en la iglesia no sabía tanto al de la añorada Res Publica. Tampoco tuvieron en cuenta que eventualmente toda esa “expresión vulgar” crecería en cambios y se volvería francés, catalán, castellano, portugués e italiano, todos dignos herederos de la lengua de lacio, tanto así que hoy día, como los escolares que injuriaban al latín “vulgar”, hay quienes se quejan de las expresión que esgrimen los pueblos que utilizan estas lenguas herederas sin tener en cuenta las maravillas que puede traer esa “mal habla”, esa “expresión vulgar”.

Este artículo ha sido realizado por Holbein Román (@Prosodium en Twitter)

lunes, 2 de enero de 2017

Horacio, el poeta inmortal

Siempre, cuando analizamos una obra poética, debemos buscar el trasunto de los versos, del significado del poema entero. ¿Cuántas veces nos habremos encontrado con el beatus ille? ¿O con el locus amoenus?  Todos esos tópicos se los debemos a Horacio, y a sus poemas; pero, ¿quién era Horacio?

Críticos del mundo entero lo definen como ‘el poeta inmortal’, o incluso como ‘el creador del simbolismo’, pero Horacio fue más que eso. Personaje influyente en su tiempo, Horacio escribió los Épodos y las Odas, enmarcadas en el ámbito de la poesía lírica romana del grupo de los Neotéricos, los verdaderos encargados de difundir la lírica en el imperio.
Volviendo a Horacio, pensemos, ¿por qué tanta influencia? Él sentó las bases de una novedad en el género y en su época, evocando lugares o tópicos que se repiten en varias composiciones. Así pues, en su poética encontramos siempre los temas, por ejemplo, de la evasión a un lugar idílico o la lamentación de sus desgracias.
El propio Horacio rezaba en sus Épodos: ‘Beatus ille qui procul negotiis,ut prisca gens mortalium paterna rura bobus exercet suis, solutus omni faenore…’, es decir, ‘dichoso aquel (…) que dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes, libre de toda deuda’, lo que podríamos interpretar como el deseo de huida de las obligaciones y un sentimiento de deseo a la paz, a evocar ese locus amoenus y a lamentar al dichoso aquel (beatus ille) que puede permitirse ese lujo.
¿No os suenan los temas? Cuando un escritor desea escribir una buena obra, debe siempre apoyarse en sus anteriores, en los verdaderos grandes y clásicos de la literatura. Jorge Manrique y sus Coplas a la muerte de mi padre, Garcilaso y sus Sonetos, A la vida retirada, de Fray Luis de León… los temas se repiten; Horacio sigue vivo, su obra se multiplica, su influencia aumenta y aumenta, que se prolongará  tanto en el Neoclasicismo como en el Romanticismo, es todo un ciclo.
Puede que haya muerto hace 2000 años, pero el carpe diem se sigue siendo repetido, y todos hemos pensado en ese locus amoenus que tan bien retrataban los escritores renacentistas, entre ellos Cervantes. No está muerto, está vivo en nuestro mundo, en nuestra cultura; ha pasado a formar parte de nuestra historia.
A todo esto, y en respuesta a aquellos que repiten los tan oídos tópicos de ‘el latín ha muerto’, ‘para qué estudiar una lengua muerta’, a todos esos que piensen que es una pérdida de tiempo, es necesario recordarles que somos la herencia de esos escritores que crearon el mundo antiguo, que nos definieron.
Decía Horacio ‘Non omnis moriar’ y ‘Exegi monumentum aere perennius’. Y así es, nunca morirá del todo y siempre será recordado por todos, levantando, no solo un monumento más duradero que el bronce, sino ha levantado algo aún más duradero: la literatura universal.
Este artículo ha sido realizado por Santiago Martínez (@SantiMartnezVen)

lunes, 1 de agosto de 2016

Otra puñalada de la Educación a las Humanidades

Admitámoslo: las Humanidades están heridas de muerte. La última ley educativa, la LOMCE, ha dado la última puñalada a esta cultura. Ahora agonizan en un intento por no desaparecer de la educación. Bueno, quizá haya exagerado asegurando que las letras van a desaparecer en nada, pero algo de cierto hay en lo que he dicho.

Cada ley educativa que ha habido en España ha hecho que las letras queden relegadas a un segundo plano cada vez más alejado. Atrás quedaron los alumnos (ahora con cerca de cincuenta años) que aprendieron nociones de física y latín antes de especializarse. Ahora difícilmente dos personas de distinta rama pueden hablar de un mismo tema. Más difícil todavía si una de ellas ni siquiera ha dado asignaturas como Latín, Historia del Arte o Economía. Por lo menos el alumno de letras o artes todavía recuerda algunas cosillas de física o biología.

Por suerte, sea gracias al alumnado o al profesorado, las Artes y las Letras han sobrevivido poco a poco. Aún hay gente que piensa que merece la pena estudiar Filología Clásica, que encuentra las salidas a Bellas Artes, que ve futuro a las Artes Escénicas. Pero parece que la sociedad y el Estado no quiere que sigan viviendo.

La LOMCE ha sido la gota que colmó el vaso. Una ley educativa que hace aguas por todos lados, que cada vez que se analiza se encuentran contradicciones; una ley donde no encuentras su supuesta fórmula para mejorar la educación. Con la LOMCE el alumnado ya debe decidir en el tercer curso de la ESO. Deberá hacer no se cuantas reválidas para ir superando cada etapa. No podrá dar la filosofía como es debido. Y en Bachillerato deberá realizar la última reválida que le dará el título. Da igual que lo haya aprobado todo: si no apruebas la reválida de Bachillerato no obtienes el título, por tanto “Adiós muy buenas”.

Todos han opinado y hablado de la LOMCE. Desde políticos que criticaron duramente la ley y no consiguieron unirse ni para quitarla, hasta periodistas y personas de a pie que en el fondo les da igual, pues no les afectará. Pero nadie ha preguntado a nosotros, los alumnos. Los que tendremos un futuro borroso (más de lo que está), los que hemos recibido esta ley como una bofetada en la cara. Los que no sabemos qué hacer con la reválida ni qué nota necesitaremos. Los que no sabemos qué hacer.

Soy estudiante del Bachillerato de Letras en un colegio de la periferia de Madrid. En septiembre comienzo el segundo curso de Bachillerato y seré, junto con mi promoción y el resto de promociones del país, el primero que haga la reválida. Una prueba que, por suerte, no nos afectará para obtener el título, pero de la cual no sabemos casi nada. Desde cuarto de la ESO he cursado latín. No he podido cursar griego, pues mi centro no lo oferta, pero he disfrutado igualmente de otras asignaturas tanto de Humanidades como de Ciencias Sociales. Pero no ha sido lo mismo.

Gracias a la LOMCE asignaturas como Lengua y Literatura Castellana han tenido que darse deprisa y corriendo porque se ha aumentado el tamaño de sus enseñanzas, se han reducido el número de asignaturas en Artes, se ha añadido la asignatura de Religión hasta segundo de Bachillerato, en cual da una religión católica y no nociones de teología o mitología como debería ser; Filosofía ha quedado relegada a un segundo plano, a Historia de la Filosofía ha dejado prácticamente de existir.

Si lo que es el reparto de asignaturas no tiene sentido, agarraos fuerte para escuchar las asignaturas de segundo y la reválida.

Historia de la Filosofía pasa a ser una asignatura exclusiva de Letras, y con suerte de Artes. Difícilmente vas a encontrar centros donde, en Ciencias, se dé la posibilidad de dar H° de la Filosofía. Con la reválida realizaremos un total de ocho exámenes obligatorios, inicialmente sin ponderaciones. Uno de los exámenes es Filosofía de primero.

Sí señores, Filosofía de primero. Difícilmente un alumno o alumna va a recordar lo dado en primero de Bachillerato. Si das H° de la Filosofía podrías recordar algo, pero si eres de Ciencias da por perdido el examen. Y me pregunto: ¿cómo vais a conseguir que se consiga la mayor nota posible si quitáis asignaturas de las cuales te examinas después?

La LOMCE lo único que consigue es que el alumnado sea de ciencias cuadradas. Unas ciencias que sólo buscan la producción, la mirada hacia el futuro, que buscan el dinero y la rentabilidad, Unas ciencias que buscan una sola respuesta innegable, que no busca otras alternativas, otros caminos; unas ciencias que no buscan otra visión del mundo.

Si la ley continúa, comenzaré a temer seriamente si las Artes y las Humanidades van a desaparecer, pues la herida mortal ya está ahí. Y difícilmente se va a curar…

Este artículo ha sido realizado por Jaime Verdejo (@JaimeVerdR_99 en Twitter) 

viernes, 1 de julio de 2016

Costumbres latinas de hoy (II)

Os presentamos a continuación la segunda parte de las Costumbres latinas de hoy ya que a muchos de los lectores de este blog les interesó conocer algunos aspectos más y demás curiosidades que mantenemos en nuestros días y que provienen del mundo grecolatino. Debemos tener presente, como ya dijimos en el anterior artículo, el hecho de que aunque estas costumbres nos lleguen desde este mundo siempre tendrán sus variantes y no serán exactamente las mismas. Igualmente será vuestro trabajo observar y juzgar las similitudes y diferencias de los siguientes aspectos con la actualidad.

El  primer tema del que vamos a hablar será el del calendario.  Durante el reinado del primer rey de la monarquía, Rómulo, no existían reglas para regular el calendario y por eso se decidió acomodarse al ciclo lunar. Los años se dividirían en meses y cada uno de estos se nombraría según el culto a distintas divinidades. Estos meses son los mismos que tenemos hoy en día, pero varían en ciertos aspectos.

La primera reforma del calendario la realizaría Julio César, quien cambiaría el nombre del mes Quintilis a Iulius para dedicarlo a su persona. Posteriormente el mes Sextilis cambiaría su nomenclatura por el de Augustus, para hacer honor a Augusto. He aquí el nacimiento de nuestros meses Julio y Agosto.

César sería también quien adaptaría el calendario al curso solar tomando como base la medida que tenía Egipto. Entonces el año constaría de 365 días y 6 horas acumulables para añadir un día más en Febrero cada cierto tiempo, aunque los romanos repetirían el día 24 de este mes y no añadirían el día 28 como hacemos nosotros en la actualidad. Los demás meses contendrían los mismos días que tienen hoy en día.

La última reforma la realizaría Gregorio XIII, consiguiendo finalmente el calendario actual que fue propuesto en el s. XVI ya que se había producido un grave desfase horario y se debían tomar medidas para poder regularlo. Por ello, en 1582 se decidió pasar del día 4 de Octubre al día 15 directamente, y fue así como quedó regularizado el año.

El siguiente aspecto será el de la educación. En los primeros tiempos el pater familias se ocupaba personalmente de la formación de sus liberi y la mater familias se hacía cargo de ellos hasta los siete años. Acogiendo la tradición griega, en ocasiones se contrataba a un pedagogo que sería el responsable de la educación de los niños hasta la pubertad.

En cuanto a la schola, sabemos que estaba regida por el calendario religioso al igual que en nuestros tiempos. Las clases se daban por la mañana y era mixta hasta los doce años. Un grammaticus era el responsable de la enseñanza de los niños en cuanto a la mitología y literatura clásica, mientras que las niñas serían consideradas adultas a los catorce años para convertirse en matronas, pero algunas podían tener un preceptor que les enseñara también literatura. En esta época la educación intelectual de la mujer no era de suma importancia.

En época tardorrepublicana se produjo un cambio en la formación intelectual de las mujeres a causa de la situación política, el contexto cultural y la influencia del surgimiento de mujeres cultas en sociedad. Estas mujeres cultas serían muy criticadas por autores de la época como Juvenal, quien es considerado uno de los autores de las sátiras más misóginas existentes (sátira VI). La lucha de la mujer por la igualdad está llevando siglos de esfuerzo y podemos ver aquí un ejemplo de hasta dónde nos podemos remontar en el trato de esta cuestión.

El último aspecto a comentar, y puede que el más curioso, es el asunto de la sexualidad. Se suele tener una idea equivocada de la libertad sexual que podía existir en Roma o Grecia. La sexualidad no era ni un tema tabú ni un tema del que se pudiera hablar con total tranquilidad y de forma abierta. Nos vamos a centrar en la prostitución en Roma.

La prostitución era un oficio mal visto por la sociedad, pero esto no impidió que se desarrollara de forma natural como cualquier otra actividad comercial. La ejercían tanto hombres como mujeres. Las leyes no iban en contra de la práctica del oficio, pero sí estigmatizaba al conjunto de prostitutos otorgándoles el título de infames, es decir, aquellos “faltos de buena reputación”. Se les prohibía casarse, heredar y prestar testimonio en juicios. Básicamente, quedaban apartados de la vida social.

Las mujeres que quisieran realizar este tipo de actividades estaban obligadas a registrarse ante la oficina del edil. Una vez inscritas recibían la licentia stupri, que suponía el tener que pagar un impuesto llamado vectigal meretricium para poder trabajar en lugares públicos.

En este enlace podéis leer la primera parte de este artículo: Costumbres latinas de hoy (I)

Este artículo ha sido realizado por Ana Belén García (@anabgarcia20 en Twitter)

martes, 21 de junio de 2016

En defensa de las letras y la filología

Nadie es igual a otra persona; cada uno es diferente, sin embargo, sí compartimos algunas funciones con el resto de habitantes del planeta: nacemos, crecemos, comemos y alguna que otra más, todas triviales. Pero además, en algunos seres, más o menos especiales, nace otra coincidencia: querer estudiar Filología. No se sabe si es algo innato como el respirar o algo que de repente surge, como cualquier otra pasión, ya sea bailar, cantar o dibujar. Sí, decimos pasión porque así es como sentimos lo que estudiamos, aunque para muchos, las palabras “pasión” y “estudiar” no puedan ir en la misma frase. Porque digo yo que hay que tener PASIÓN para dedicar una vida a estudiar frases, palabras o incluso letras, fonemas. Los científicos diseccionan partes del cuerpo y nosotros diseccionamos partes de palabras. Observamos qué parte tiene significado y qué no; qué parte es invariable o está sujeta al cambio y cuál no; qué sonidos están en la misma zona a la hora de pronunciar, sabiendo que tenemos que diferenciar entre prepalatal y postpalatal entre ápice de la lengua y postdorso de la misma; entre alveolo y coronal, ¿términos científicos? No, señores: filología.

Y así con mil ejemplos, porque ni siquiera el diccionario nos ayuda cuando se trata de un significado, pues este puede depender de la denotación, connotación, hermenéutica, semiología, pragmática y mil casos más. ¿Fácil? Una fórmula de química va a ser siempre igual, mientras que un lenguaje cambia a diario y lo más importante, somos los propios humanos los que lo cambiamos y para eso tiene que existir un filólogo, para estudiar esos cambios, para analizarlos, para ENSEÑARLOS. ¿De qué sirve saber mucho de cualquier competencia si no sabes hablar? Quedamos representados por nuestro lenguaje, es nuestro vehículo de expresión y conocimiento. Somos lenguaje. Por eso es importante manejarlo y conocerlo a la perfección. Algo que, aunque parezca básico, muy poca gente consigue.

Luego viene la literatura. “Hay que ser muy tonto para estudiar los libros de alguien que desapareció hace siglos”. Cuántas veces habremos oído cosas de este tipo, y es que a nadie le gusta la literatura, a todos les parece una pérdida de tiempo, eso sí, cuando me quiero hacer el culto, cito algún autor célebre sin pensarlo. Y si es en latín mejor, que esta es una lengua muerta inútil hasta que la necesito para aparentar que mi cerebro muerto (pues es verdaderamente lo único muerto que hay en esta situación) ha resucitado.

Durante siglos, las humanidades, el trívium eran los conocimientos más valorados. Fue a partir del siglo XVIII cuando esa concepción empezó a cambiar y las ciencias empezaron a ser más valoradas pero aun así, ambas competencias convivían armoniosamente en una situación de igualdad y respeto, pues ambas son necesarias. En mi opinión, ha sido en este siglo, con el incremento de las tecnologías, lo que ha hecho cambiar esta perspectiva y dejar las humanidades relegadas a esos a los  que “no se les dan bien las matemáticas”. Cuánta ignorancia, ¿no?

El principal problema de esta cuestión es que la gente entiende por filología la asignatura de lengua y literatura en bachillerato. Vamos a utilizar el cerebro un poco de manera abierta, aunque a algunos les cueste: elijan cualquier carrera: Matemáticas, Química, Física o incluso, Historia. ¿Se da lo mismo que en el colegio? No, ¿verdad? No tiene ni punto de comparación y nadie lo duda, entonces, ¿por qué sí se piensa eso de las filologías? Como con todo en la vida, hablar es muy fácil y más, si no se sabe nada acerca del tema en cuestión. 

Por desgracia, no creo que ni este ni ningún artículo sirva para hacer cambiar esas mentes cuadriculadas que piensan lo que estamos tratando de combatir. Sin ninguna duda, todo depende de la educación y la tolerancia que tenga cada uno. Nosotros podemos afirmar alto y claro que hacemos lo que nos gusta, por vocación, sin importarnos el qué dirán o lo que suceda mañana. Algo que no todos pueden decir.

Estudio Filología porque pienso que la vida no está formada por cosas exactas, que no todo es blanco y negro. A veces hay que cotejar, como si de manuscritos se tratase y descubrir que la verdad no siempre es lo que se ve a primera vista y que hay que ir más allá: los sentimientos, las pasiones, lo inefable, lo indescriptible. Somos vida gracias a esto y no es precisamente ciencia.

Nunca dejen de aprender y de hacer lo que verdaderamente les llene.

            Soy de Humanidades y estudio Filología porque vivo.

Este artículo ha sido realizado por @FilolCabreados en Twitter

jueves, 16 de junio de 2016

Costumbres latinas de hoy (I)

Siempre se dice que el latín, así como el griego, no tiene cabida hoy en día. Que es algo del pasado y que ya no sirve para nada. La gente que suele mantenerse firme en esta postura realmente no conoce que, muchas de las costumbres y la cultura que poseemos hoy en día, procede de Grecia y Roma. Todas estas costumbres han sido adaptadas a causa del paso del tiempo, de la religión, del cambio de pensamiento y demás factores.  Vosotros, lectores, seréis quienes juzguéis las similitudes y diferencias entre las costumbres latinas que explicaremos a continuación y la realidad de hoy día.

El primer aspecto que trataremos será el matrimonio. Este se corresponde con el término latino connubium (además de otros) y era considerado por los romanos como un acuerdo o contrato entre familias, lideradas por el pater familias, cuya finalidad principal era la de legitimar la gens y preservar los cultos y costumbres familiares.

Existían también distintos tipos de matrimonio. De entre los más famosos destacar el matrimonio cum manu o ad manus, en el que el marido tenía derecho sobre los bienes de la esposa. En contraposición a este existía el matrimonio sine manu en el cual dichos bienes seguían siendo competencia del padre de la novia. Uno de los aspectos a destacar era el uso del anillo de compromiso. Sabemos que los romanos gustaban de todo tipo de ajuares y joyas e incluso introdujeron la costumbre de que ambos contrayentes llevaran un anillo como muestra de su compromiso y a modo de “firma del contrato”.

Como todo contrato obviamente podía ser anulado por distintas causas. Estas podían ser la muerte de un cónyuge, pérdida de la ciudadanía, adulterio y demás. A su vez, existían alternativas al matrimonio como el concubinato (convivencia de un hombre y una mujer con una serie de reglas) o el contubernio (convivencia de esclavos con hombres libres o esclavos con sus semejantes).

Otro aspecto del que vamos a hablar a continuación es del ámbito funerario. Las ceremonias relacionadas con el funeral (funus) en Roma variaban según el rango económico del fallecido. Así podemos distinguir funus militare, funus publicum o funus imperatorum entre otros. Este rango que giraba en torno a las riquezas afectaba también en el sepulchrum y su decoración, más monumental para las gentes ricas y mucho más humilde para las clases más bajas. Además en Roma se hubo de moderar el lujo en los funerales ya que las personas más ricas comenzaron a excederse en la decoración y en el encargo de tumbas monumentales.

Todos estos tipos de funus anteriormente mencionados tenían en común la celebración de una procesión funeraria (pompa) que solía hacerse de noche con el difunto conducido en un feretrum hasta la necrópolis situada extra muros. Podemos destacar también la creación de diferentes tipos de tumbas. Destacan la tumba en caja, las ánforas o las cajas de madera cerradas con clavos.

El último aspecto es el de las supersticiones en Roma. Podemos definir la superstición como una creencia sin fundamento racional que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos aleatorios durante la vida cotidiana.

Los romanos gustaban mucho de estas creencias paranormales e incluso podríamos hablar de su trato en el ámbito público y privado. En cuanto al primero sabemos de la presencia de augures y otros sacerdotes encargados de la predicción del futuro o de procurar el bienestar de la ciudad realizando una serie de ritos y cultos a los distintos dioses. Esta es la causa de la realización estricta de los ritos en Roma. En el ámbito privado se alude a las ceremonias en el lararium del hogar a los distintos dioses domésticos.

Algunas de estas supersticiones eran, por ejemplo, la caída de un cuadro, ver la luna nueva desde la ventana o tropezar al salir por el umbral de la puerta.

En este enlace podéis leer la segunda parte de este artículo: Costumbres latinas de hoy (II):  

Este artículo ha sido realizado por Ana Belén García (@anabgarcia20 en Twitter)

domingo, 5 de junio de 2016

Características generales del Teatro

El teatro tiene un triple origen. En primer lugar, es un teatro autóctono propiamente itálico; en segundo lugar, tiene un origen etrusco; por último, está muy influenciado por el teatro griego. Influyen también las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, además de la comedia de Aristófanes y Menandro. Subgéneros:

- Tragedia:

Coturnata, inspirada en los griegos.
Praetexta, inspirada en los romanos.

- Comedia:

Paliata, inspirada en los griegos.
Togata, inspirada en los romanos.
Atelana, historias populares, con máscara.
Mimo, historias populares, sin máscara.

- La máscara. Para sus interpretaciones, los actores llevaban una máscara. Eran de madera ligera y tela, y servían de altavoz. Las máscaras representaban a personajes tipo.

- Personajes y argumentos. Para Aristóteles, el personaje es el argumento. Los personajes, según la tragedia o la comedia, pueden ser:

Tragedia: Dioses, héroes, reyes… Son personajes que desarrollan historias importantes.
Comedia: Los personajes son gente sencilla (amada, criado, amante). Son historias sencillas de enredo.

- Estructura de una obra:

Tragedia: Cinco actos. Cada acto cuenta con diálogos y el coro.
Comedia: Cinco actos. Con diálogo pero sin coro (en Grecia si había coro).

- Lenguaje:

Tragedia: Lenguaje grandilocuente y elevado, que caracteriza al personaje (verso).
Comedia: Lenguaje coloquial (verso).

- Fin:

Tragedia: El fin es la purificación (catarsis).
Comedia: Crítica social a través del humor.

Los autores que cultivaron este género y sus obras más importantes son:

- Tragedia: Marco Pacuvio (sólo fragmentos); Séneca: Hercules furens, Medea, Agammenon y Medea (coturnatas) / Octavia (praetexta).
Comedia: Plauto: Anfitrion, Aulularia, Asinaria y Miles gloriosus; Terencio: Andria, El eunuco, Los Hermanos y Formio

miércoles, 1 de junio de 2016

Características generales de la Épica

La épica nace en Grecia, gracias en su mayor parte a Homero (autor de la Ilíada y la Odisea). El tema principal es el héroe y el origen de un pueblo. Los protagonistas son dioses, reyes, héroes, etc. Destaca la importancia del destino (fatum)

Su fin es enseñar (docere), educar según unos modelos. El héroe va a encarnar las virtudes del todo bien romano. Otra de las virtudes es la propaganda política. Su lenguaje es grandilocuente (gravis / levis). Toda la épica está escrita en hexámetros dactílicos. Una obra épica se dividía en cantos. Al principio, la obra comienza con una invocación a las musas. La obra continúa alternando partes narrativas con partes dialogadas. Un subgénero de la épica es el epilio, que es un canto menor, de tema amoroso y con un lenguaje muy mitológico.

Los autores que cultivaron este género y sus obras más importantes son:

-     Livio Andrónico: Odisea.
-    Virgilio: En el año 39 a.C. publica Las Bucólicas, que pertenecen al género bucólico o pastoril. Constan de diez composiciones, y los temas que aparecen son el amor, la vida en el campo y la mitología. Años más tarde, concretamente en el 29 a.C. publica Las Geórgicas, obra que pertenece al género de la poesía didáctica y consta de cuatro libros (agricultura, árboles, ganadería y apicultura). Por último, en el año 19 a.C. Virgilio escribe La Eneida. Ese mismo año, durante un viaje a Grecia, enferma y muere, quedando inacabada su obra. Dos años después es publicada.
- Ovidio: Metamorfosis, obra formada por 250 epilios. Aparecen transformaciones de diversos tipos, como animales, plantas o piedras. 

miércoles, 20 de abril de 2016

La ñ del Latín

Como hispanohablantes sabemos que la letra ñ es propia y única del alfabeto español, pero pocos se preguntan de dónde procede.

Si nos remontamos al origen de las lenguas romances podemos comenzar hablando del indoeuropeo, una reconstrucción de lo que pudo ser el comienzo de esta familia de lenguas. Siguiendo la ramificación de lenguas que derivan del indoeuropeo encontramos las romances, que incluyen el español, francés, griego, inglés y demás lenguas de Europa excluyendo el vasco, el finés, el estonio y el húngaro. Si hablamos de lengua romance nos referimos a aquella lengua que proceda del latín vulgar y que tenga una estrecha relación con otras de su propia rama.

En definitiva, si nuestra lengua procede del latín esto quiere decir que todas nuestras características morfosintácticas y fonéticas proceden de la evolución de la lengua latina. Al igual que en cualquier otra lengua en latín también existen abreviaturas y otros sistemas para economizar el espacio al hacer uso de la lengua escrita. Por tanto, al escribir palabras como anno (año) una n se colocaba encima de la otra ahorrando así espacio.

Este fenómeno llegó a derivar hasta nuestros días en una simple virgulilla, es decir, un signo ortográfico a modo de acento. Pero esto no ocurrió únicamente en palabras que contuvieran dos enes, sino también en vocablos como seniorem (señor) y otros ejemplos.

Curiosidades como esta nos rodean a diario y no solemos dar cuenta de ellas, pero existen y perduran en nuestra lengua. Es necesario conocer el pasado de nuestra lengua y cultura para poder avanzar hacia el futuro.

Este artículo ha sido realizado por Ana Belén García (@anabgarcia20 en Twitter)

martes, 22 de marzo de 2016

De Harry Potter al estilo grecolatino

Harry Potter es una serie de novelas de tipo fantástico escrita por la autora británica J.K Rowling. Su fecha de publicación nos traslada al año 1997 y podemos decir ampliamente que se ha convertido en una de las sagas más conocidas a día de hoy e incluso ha sido trasladada a la gran pantalla. Tal es su éxito que ha sido traducida a más de 65 idiomas, incluidos el latín y el griego antiguo, convirtiéndose también en la serie de libros más vendida de la historia.

Hablamos de la historia de un niño huérfano cuyos padres fueron asesinados por el malvado Lord Voldemort. Harry, con ayuda de sus amigos y la escuela de magia Hogwarts, intentará destruir al villano y, junto a él descubriremos un maravilloso mundo de fantasía y aventuras a lo largo de las lecturas.

Lo que no todos saben es que J.K Rowling realizó un minucioso trabajo de investigación para la creación de sus libros. Encontramos referencias a animales fantásticos mitológicos, algunos incluso creados por ella, leyendas populares trasladadas a la literatura no sólo de Inglaterra sino también de otros países, referencias a la Edad Media y demás curiosidades. Nos interesa destacar en este caso la cantidad de referencias al mundo grecolatino que podemos hallar en sus libros, ya no únicamente en el ámbito mitológico sino también en términos empleados en hechizos y conjuros.

J.K Rowling ha empleado en su novela animales como el Basilisco o el Cancerbero. Dichos animales, en su mayoría híbridos, están directamente extraídos de la mitología antigua.
Los hechizos pueden resultar algo difíciles de comprender para aquel que no conozca la etimología grecolatina. Explicaremos algunos:

− Expecto patronum: Del verbo latino expecto y el sustantivo patronus. Literalmente podríamos traducirlo como espero a un guardián. Este hechizo es usado para ahuyentar a los Dementores.
− Expelliarmus: Un compuesto del verbo expello y el sustantivo arma. Al español se traduciría como expulsar el arma. Dicho hechizo se utilizaría para desarmar a un oponente.
− Imperio: Del verbo latino impero, que significa mandar o dar una orden.
− Oppugno: Del verbo latino oppugnare, que significa atacar. Literalmente se traduciría por ataco.

Como podemos ver estos son solo unos de los tantos ejemplos que podríamos extraer de la saga de Harry Potter.

A comienzos de este 2016 tuvimos una grata noticia al conocer que nuestra autora sacará a la venta un nuevo libro de Harry Potter así como nuevos formatos y ediciones de  Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Los cuentos de Beedly el Bardo y Quidditch a través de los tiempos. Esperamos ansiosos la llegada del nuevo libro y estas nuevas ediciones ya que nos traerán grandes novedades.

Por tanto, una vez más encontramos la perduración del mundo clásico en la actualidad y cómo se utiliza a modo de recurso para la creación de obras ejemplares así como en el mundo cinematográfico. 


Este artículo ha sido realizado por Ana Belén García (@anabgarcia20 en Twitter)

domingo, 7 de junio de 2015

Características generales de la Oratoria Latina

La retórica es el arte de hablar bien, es decir, la teoría, mientras que la oratoria es la manifestación práctica de la retórica. El género de la oratoria nace en Grecia, al igual que la gran mayoría de los géneros, con Platón y Aristóteles, los cuales eran los principales teóricos de esta. Sin embargo, el gran orador del mundo griego fue Demóstenes. La oratoria consta de cinco partes:

1.       Inventio: Es encontrar lo que se quiere decir.
2.       Dispositio: Ordenar las ideas encontradas.
3.       Elocutio: Vestir con palabras las ideas (escribir).
4.       Memoria: Aprenderse el discurso de memoria.
5.    Actio: La puesta en escena. Tiene a su vez dos partes: los gestos del orador (agere) y la entonación (pronuntiare).

Los discursos también tendrán cinco partes:

1. Exordium: El objetivo del inicio del discurso debe ser la "captatio benevolentiae" (que el público se ponga a tu favor). Tenemos que conocer la "doxa", la opinión de la gente, para saber adaptarnos. La benevolencia se puede conseguir a través de la propia persona, del contrincante, del jurado o del propio tema.
2.       Narratio: Es un breve resumen del contenido a tratar.
3.       Divisio: Es un esquema del contenido.
4.  Argumentatio: Es la parte más importante, la argumentación. Los argumentos a favor se llaman "confirmatio", y la refutación de los que están en contra "refutatio". Los argumentos se ordenan de argumentos fuertes a los débiles, aunque también puede ser al revés. Aristóteles aconseja seguir el orden Nestoriano, que divide los argumentos en fuertes-débiles-fuertes.
5.    Peroratio: Se hace una "ennumeratio", un resumen y una apelación a los sentimientos, que puede ser suscitando odio contra el adversario o intentar mover a la compasión.

Los teóricos de la oratoria dicen que dentro de ella hay una serie de géneros, en función de su fin:

·   Genus iudiciale (género judicial): Su fin es el "docere" y su base es la "iustitia". Va dirigido a un jurado
·      Genus deliberatum (género deliberativo): Su fin el el "movere", y su base es la "utilitas" (utilidad). Su público es una asamblea
·     Genus demonstrativum (género demostrativo): Su fin es el "delectare", y su base es la "honestas" (honestidad de carácter moral). Su público es el auditorio en general

Hay también diferentes estilos:

·         Ático o tenius: Sobrio o sencillo.
·         Asiano o gravis: Recargado y elevado.
·         Rodio o mediocris: Medio.

Finalmente, los autores que cultivarán este género y sus obras pertenecientes a este son:

·   Cicerón: Discursos (Pro Roscio AmerinoIn VerremIn CatilinamPro Milone e In Marcum Antonium) y tratados de retórica (De inventioneDe oratoreOrator y Partitiones oratiae).
·         QuintilianoInstitutio oratoriae.
·         TácitoDialogus de oratoribus.

lunes, 1 de junio de 2015

Características generales de la Lírica

El género de la lírica, al igual que la mayoría de los géneros, nace en Grecia con autores como Safo, Anacreonte y Píndaro. En su origen, la poesía se hacía para ser recitada con acompañamiento musical, sobre todo con la lira. El fin de la poesía es ella misma, es decir, la poesía es el propio fin, el “delectare”  (deleitar). Los temas de la poesía son básicamente dos:

·      El yo en todas sus diferentes manifestaciones, tales como la reflexión, la religión, la naturaleza, los banquetes…
·      El amor, ya que se le da mucha importancia a los sentimientos humanos.

Respecto a la forma, la métrica es muy variada, hay yambos y troqueos:

·          Yambo: Compuesto por una sílaba breve y una sílaba larga
·         Troqueo: Compuesto por una sílaba larga y una sílaba breve

La estructura tiene tres partes: proemio, centro y epílogo. A su vez, hay tres tipos de estructuras:
  • Lineal.
  • Circular (empieza igual que acaba).
  • Dos partes.
Finalmente, en relación con los autores y sus obras, destacamos dos, ambos de época Clásica:

·    Catulo: Escribió 116 poemas con varias divisiones posibles, de las cuales citaremos una:
  1. 1-60: Poemas líricos y breves.
  2. 61-68: Poemas extensos. Son variados, pero predominan los elegíacos.
  3. 69-116: Epigramas, es decir, críticas o sátiras.
·   Horacio: SátirasEpodos (lírica con componentes de la sátira), OdasEpístolas.