lunes, 24 de octubre de 2016

Análisis artístico del Panteón de Agripa

Se trata de un edificio religioso atribuido al arquitecto Apolodoro de Damasco. El Panteón pertenece al Estilo Romano Imperial y está ubicado en el Campo de Marte, en la ciudad de Roma.

En cuanto a la planta, es circular y simboliza el acogimiento a todos los dioses (concepto que también está presente en la propia palabra “panteón”, pues en griego significa “todos los dioses”). Curiosamente la medida del diámetro (43,5 metros) es la misma que la de la altura, por lo que podemos hablar de una planta centralizada. La cella circular va cubierta por una cúpula y muros laterales de hormigón como elementos sustentantes. El muro se articula en espacios rectangulares llamados exedras y espacios semicirculares llamados nichos. Se remata con un ábside en el eje longitudinal contrario a la entrada. A la cella le precede un pórtico a modo de pronaos rectangular octástilo de tres naves, terminando las laterales en nichos. Este pórtico es lo único que queda de la época de Agripa.

Respecto al alzado, cabe destacar que la cúpula está levantada sobre un tambor cilíndrico. Para reducir su peso, la cúpula consta de dos cúpulas superpuestas rellenas de materiales livianos como toba y travertino, y el sistema de spina pezze que consiste en colocar ladrillos grandes en líneas concéntricas. También se alivia su peso abriendo arcos de descarga sobre las exedras interiores, haciendo que el peso caiga sobre los ocho pilares.

En el interior se pueden diferenciar los muros articulados con cornisas corridas y el tambor. Destaca también el empleo de materiales diversos y contrastados como hormigón y ladrillo revestido de mármol y el uso exclusivo del orden corintio. La cúpula al interior es de casetones, cuyos cuadrados actúan de moduladores de la luz que entra a través del óculo de alabastro. Se conseguía así una luz cenital que emulaba el disco solar.

Del exterior destacan el perfil circular de la cúpula, el frontón triangular sobre columnas corintias y friso corrido con una inscripción dedicada a Agripa y el espacio intermedio rectangular que sirve de transición entre el pórtico y la nave principal o cella.

En cuanto a la cronología, data del siglo II pero su reconstrucción se llevó a cabo en la época de Adriano, por lo que también se glorificaba en este panteón al emperador Adriano. Es una obra anónima, como otras muchas de la Antigüedad, pero se le atribuye al arquitecto que también construyó la Columna Trajana, Apolodoro de Damasco.

Para finalizar, cabe mencionar que la cúpula del Panteón de Agripa fue una fuente de inspiración para múltiples obras posteriores. Influirá en cúpulas renacentistas como la de Santa María de las Flores (Catedral de Florencia) y en la Capilla Pazzi de Brunelleschi así como en la barroca San Carlino alle Quattro Fontane de Borromini.

Este artículo ha sido realizado por María Atenza López.

lunes, 17 de octubre de 2016

La disciplina del ejército romano

La disciplina del ejército romano

A lo largo de su historia, los romanos diseñaron una estructura militar jerarquizada y organizada dentro de un riguroso marco normativo que establecía las funciones y competencias de cada uno de sus miembros, así como la imposición de sanciones para quienes desobedecían la ley y/o las ordenes de sus superiores.

Pero como reza una antigua frase, Roma no se hizo en un día. Para finales de la época republicana, el ejército romano estuvo sumido en una crisis originada por las normas de ese tiempo, que establecían el voluntariado de los soldados, toda vez que el servicio militar únicamente era obligatorio en épocas de guerra, y se excluía a quienes no estaban censados y a aquellos que no tenían propiedades ni podían costear su propio armamento. Otro problema recurrente era que en caso de guerra, los cónsules eran los encargados de comandar las legiones, sin tener en cuenta su reputación o experiencia militar, lo que incidía negativamente en el desempeño bélico. 

A partir de las reformas de Mario en el año 107 a. c., se instituyó la profesionalización del ejército, y con ello un nuevo régimen que dio apertura a la incorporación de gente pobre a las filas militares, un sistema de jubilación y una nueva estructura militar en el que cada legión estaría compuesta por diez cohortes y cada cohorte por seis centurias. Se incorporó el cargo de legatus para comandar las legiones, siguiéndole en jerarquía los tribunos militares, los centuriones y los principales. Además, se instauró un adoctrinamiento militar permanente para los soldados que incluía estrictos deberes y obligaciones que de no ser realizados, acarreaban severas sanciones. 

En el libro El Ejército Romano de Adrian Goldsworthy, se nos cuenta que los optiones, suboficiales que pertenecían a la categoría de los principales, caminaban tras la última fila de la formación con un garrote en mano, con el que golpeaban a cualquiera que se saliese de su sitio o hablara con el compañero. Los centuriones usaban una vara llamada vitis (vid), que era usada con frecuencia para el azote de los soldados, lo que provocaba cicatrices en sus espaldas. 

Era común que los castigos corporales se inflijan a voluntad y capricho de los oficiales, situación que generaba un descontento en las filas que se materializaba en caso de ocurrir un motín. Al respecto, el historiador Tácito nos relata que en el año 114 d.c. las legiones amotinadas en Panonia habían linchado al centurión Lucilius apodado «Tráeme otra» (cedo alteram). Este sobrenombre se debía a que, una vez rota su vara de vid sobre la espalda de un soldado, pedía otra en voz alta.

La pena de muerte se aplicaba a diversas situaciones. Los soldados que se quedaban dormidos mientras estaban de guardia eran golpeados hasta la muerte por sus compañeros; el truco de los más viejos era apoyar el largo escudo en su pilum (lanza) para descansar sobre él y dormitar en pie. Aquellos que desertaban, conspiraban o realizaban un motín, podían ser crucificados, arrojados a las bestias salvajes o simplemente ejecutados. La desobediencia de un soldado raso a una orden directa del tribuno militar o del legatus también era sancionada con la máxima pena.

Probablemente el castigo más cruel era el decimatio o diezmo, que solo se empleaba en casos extremos de sedición y cobardía. De forma aleatoria y sin distinción de rango, se seleccionaba a una décima parte de los soldados para que fueran asesinados a golpes por sus propios compañeros; mientras, los supervivientes eran obligados a dormir fuera del campamento. 

Esa práctica se mantendría incluso en el manual militar Strategikon, redactado por el emperador bizantino Mauricio I, que dispuso: “Si durante una acción general o batalla las tropas que habían formado para el combate se retiraran –tal nunca ocurra- sin una buena y evidente justificación, ordenamos que los soldados del tagma que primero se puso a huir y a abandonar la línea de batalla o su propio meros sean abatidos y diezmados por los otros tagmas, puesto que han desbandado sus filas y son culpables de la derrota de todo el meros. Pero si ocurriera que alguno de ellos fue herido en la batalla, quedará exento de tal veredicto”.

El orden y la disciplina que caracterizaron al ejército romano era necesario, dado que fueron factores fundamentales para cosechar victorias frente a los numerosos pero desorganizados pueblos barbaros, razón por la cual su exitoso régimen militar fue asimilado por las culturas que le sucedieron.

Artículo relacionado: Indumentaria militar en la Antigua Roma

Este artículo ha sido realizado por Alberto Quijano (@LuchitoQuijano en Twitter)

lunes, 1 de agosto de 2016

Otra puñalada de la Educación a las Humanidades

Admitámoslo: las Humanidades están heridas de muerte. La última ley educativa, la LOMCE, ha dado la última puñalada a esta cultura. Ahora agonizan en un intento por no desaparecer de la educación. Bueno, quizá haya exagerado asegurando que las letras van a desaparecer en nada, pero algo de cierto hay en lo que he dicho.

Cada ley educativa que ha habido en España ha hecho que las letras queden relegadas a un segundo plano cada vez más alejado. Atrás quedaron los alumnos (ahora con cerca de cincuenta años) que aprendieron nociones de física y latín antes de especializarse. Ahora difícilmente dos personas de distinta rama pueden hablar de un mismo tema. Más difícil todavía si una de ellas ni siquiera ha dado asignaturas como Latín, Historia del Arte o Economía. Por lo menos el alumno de letras o artes todavía recuerda algunas cosillas de física o biología.

Por suerte, sea gracias al alumnado o al profesorado, las Artes y las Letras han sobrevivido poco a poco. Aún hay gente que piensa que merece la pena estudiar Filología Clásica, que encuentra las salidas a Bellas Artes, que ve futuro a las Artes Escénicas. Pero parece que la sociedad y el Estado no quiere que sigan viviendo.

La LOMCE ha sido la gota que colmó el vaso. Una ley educativa que hace aguas por todos lados, que cada vez que se analiza se encuentran contradicciones; una ley donde no encuentras su supuesta fórmula para mejorar la educación. Con la LOMCE el alumnado ya debe decidir en el tercer curso de la ESO. Deberá hacer no se cuantas reválidas para ir superando cada etapa. No podrá dar la filosofía como es debido. Y en Bachillerato deberá realizar la última reválida que le dará el título. Da igual que lo haya aprobado todo: si no apruebas la reválida de Bachillerato no obtienes el título, por tanto “Adiós muy buenas”.

Todos han opinado y hablado de la LOMCE. Desde políticos que criticaron duramente la ley y no consiguieron unirse ni para quitarla, hasta periodistas y personas de a pie que en el fondo les da igual, pues no les afectará. Pero nadie ha preguntado a nosotros, los alumnos. Los que tendremos un futuro borroso (más de lo que está), los que hemos recibido esta ley como una bofetada en la cara. Los que no sabemos qué hacer con la reválida ni qué nota necesitaremos. Los que no sabemos qué hacer.

Soy estudiante del Bachillerato de Letras en un colegio de la periferia de Madrid. En septiembre comienzo el segundo curso de Bachillerato y seré, junto con mi promoción y el resto de promociones del país, el primero que haga la reválida. Una prueba que, por suerte, no nos afectará para obtener el título, pero de la cual no sabemos casi nada. Desde cuarto de la ESO he cursado latín. No he podido cursar griego, pues mi centro no lo oferta, pero he disfrutado igualmente de otras asignaturas tanto de Humanidades como de Ciencias Sociales. Pero no ha sido lo mismo.

Gracias a la LOMCE asignaturas como Lengua y Literatura Castellana han tenido que darse deprisa y corriendo porque se ha aumentado el tamaño de sus enseñanzas, se han reducido el número de asignaturas en Artes, se ha añadido la asignatura de Religión hasta segundo de Bachillerato, en cual da una religión católica y no nociones de teología o mitología como debería ser; Filosofía ha quedado relegada a un segundo plano, a Historia de la Filosofía ha dejado prácticamente de existir.

Si lo que es el reparto de asignaturas no tiene sentido, agarraos fuerte para escuchar las asignaturas de segundo y la reválida.

Historia de la Filosofía pasa a ser una asignatura exclusiva de Letras, y con suerte de Artes. Difícilmente vas a encontrar centros donde, en Ciencias, se dé la posibilidad de dar H° de la Filosofía. Con la reválida realizaremos un total de ocho exámenes obligatorios, inicialmente sin ponderaciones. Uno de los exámenes es Filosofía de primero.

Sí señores, Filosofía de primero. Difícilmente un alumno o alumna va a recordar lo dado en primero de Bachillerato. Si das H° de la Filosofía podrías recordar algo, pero si eres de Ciencias da por perdido el examen. Y me pregunto: ¿cómo vais a conseguir que se consiga la mayor nota posible si quitáis asignaturas de las cuales te examinas después?

La LOMCE lo único que consigue es que el alumnado sea de ciencias cuadradas. Unas ciencias que sólo buscan la producción, la mirada hacia el futuro, que buscan el dinero y la rentabilidad, Unas ciencias que buscan una sola respuesta innegable, que no busca otras alternativas, otros caminos; unas ciencias que no buscan otra visión del mundo.

Si la ley continúa, comenzaré a temer seriamente si las Artes y las Humanidades van a desaparecer, pues la herida mortal ya está ahí. Y difícilmente se va a curar…

Este artículo ha sido realizado por Jaime Verdejo (@JaimeVerdR_99 en Twitter) 

viernes, 1 de julio de 2016

Costumbres latinas de hoy (II)

Os presentamos a continuación la segunda parte de las Costumbres latinas de hoy ya que a muchos de los lectores de este blog les interesó conocer algunos aspectos más y demás curiosidades que mantenemos en nuestros días y que provienen del mundo grecolatino. Debemos tener presente, como ya dijimos en el anterior artículo, el hecho de que aunque estas costumbres nos lleguen desde este mundo siempre tendrán sus variantes y no serán exactamente las mismas. Igualmente será vuestro trabajo observar y juzgar las similitudes y diferencias de los siguientes aspectos con la actualidad.

El  primer tema del que vamos a hablar será el del calendario.  Durante el reinado del primer rey de la monarquía, Rómulo, no existían reglas para regular el calendario y por eso se decidió acomodarse al ciclo lunar. Los años se dividirían en meses y cada uno de estos se nombraría según el culto a distintas divinidades. Estos meses son los mismos que tenemos hoy en día, pero varían en ciertos aspectos.

La primera reforma del calendario la realizaría Julio César, quien cambiaría el nombre del mes Quintilis a Iulius para dedicarlo a su persona. Posteriormente el mes Sextilis cambiaría su nomenclatura por el de Augustus, para hacer honor a Augusto. He aquí el nacimiento de nuestros meses Julio y Agosto.

César sería también quien adaptaría el calendario al curso solar tomando como base la medida que tenía Egipto. Entonces el año constaría de 365 días y 6 horas acumulables para añadir un día más en Febrero cada cierto tiempo, aunque los romanos repetirían el día 24 de este mes y no añadirían el día 28 como hacemos nosotros en la actualidad. Los demás meses contendrían los mismos días que tienen hoy en día.

La última reforma la realizaría Gregorio XIII, consiguiendo finalmente el calendario actual que fue propuesto en el s. XVI ya que se había producido un grave desfase horario y se debían tomar medidas para poder regularlo. Por ello, en 1582 se decidió pasar del día 4 de Octubre al día 15 directamente, y fue así como quedó regularizado el año.

El siguiente aspecto será el de la educación. En los primeros tiempos el pater familias se ocupaba personalmente de la formación de sus liberi y la mater familias se hacía cargo de ellos hasta los siete años. Acogiendo la tradición griega, en ocasiones se contrataba a un pedagogo que sería el responsable de la educación de los niños hasta la pubertad.

En cuanto a la schola, sabemos que estaba regida por el calendario religioso al igual que en nuestros tiempos. Las clases se daban por la mañana y era mixta hasta los doce años. Un grammaticus era el responsable de la enseñanza de los niños en cuanto a la mitología y literatura clásica, mientras que las niñas serían consideradas adultas a los catorce años para convertirse en matronas, pero algunas podían tener un preceptor que les enseñara también literatura. En esta época la educación intelectual de la mujer no era de suma importancia.

En época tardorrepublicana se produjo un cambio en la formación intelectual de las mujeres a causa de la situación política, el contexto cultural y la influencia del surgimiento de mujeres cultas en sociedad. Estas mujeres cultas serían muy criticadas por autores de la época como Juvenal, quien es considerado uno de los autores de las sátiras más misóginas existentes (sátira VI). La lucha de la mujer por la igualdad está llevando siglos de esfuerzo y podemos ver aquí un ejemplo de hasta dónde nos podemos remontar en el trato de esta cuestión.

El último aspecto a comentar, y puede que el más curioso, es el asunto de la sexualidad. Se suele tener una idea equivocada de la libertad sexual que podía existir en Roma o Grecia. La sexualidad no era ni un tema tabú ni un tema del que se pudiera hablar con total tranquilidad y de forma abierta. Nos vamos a centrar en la prostitución en Roma.

La prostitución era un oficio mal visto por la sociedad, pero esto no impidió que se desarrollara de forma natural como cualquier otra actividad comercial. La ejercían tanto hombres como mujeres. Las leyes no iban en contra de la práctica del oficio, pero sí estigmatizaba al conjunto de prostitutos otorgándoles el título de infames, es decir, aquellos “faltos de buena reputación”. Se les prohibía casarse, heredar y prestar testimonio en juicios. Básicamente, quedaban apartados de la vida social.

Las mujeres que quisieran realizar este tipo de actividades estaban obligadas a registrarse ante la oficina del edil. Una vez inscritas recibían la licentia stupri, que suponía el tener que pagar un impuesto llamado vectigal meretricium para poder trabajar en lugares públicos.

En este enlace podéis leer la primera parte de este artículo: Costumbres latinas de hoy (I)

Este artículo ha sido realizado por Ana Belén García (@anabgarcia20 en Twitter)

martes, 21 de junio de 2016

En defensa de las letras y la filología

Nadie es igual a otra persona; cada uno es diferente, sin embargo, sí compartimos algunas funciones con el resto de habitantes del planeta: nacemos, crecemos, comemos y alguna que otra más, todas triviales. Pero además, en algunos seres, más o menos especiales, nace otra coincidencia: querer estudiar Filología. No se sabe si es algo innato como el respirar o algo que de repente surge, como cualquier otra pasión, ya sea bailar, cantar o dibujar. Sí, decimos pasión porque así es como sentimos lo que estudiamos, aunque para muchos, las palabras “pasión” y “estudiar” no puedan ir en la misma frase. Porque digo yo que hay que tener PASIÓN para dedicar una vida a estudiar frases, palabras o incluso letras, fonemas. Los científicos diseccionan partes del cuerpo y nosotros diseccionamos partes de palabras. Observamos qué parte tiene significado y qué no; qué parte es invariable o está sujeta al cambio y cuál no; qué sonidos están en la misma zona a la hora de pronunciar, sabiendo que tenemos que diferenciar entre prepalatal y postpalatal entre ápice de la lengua y postdorso de la misma; entre alveolo y coronal, ¿términos científicos? No, señores: filología.

Y así con mil ejemplos, porque ni siquiera el diccionario nos ayuda cuando se trata de un significado, pues este puede depender de la denotación, connotación, hermenéutica, semiología, pragmática y mil casos más. ¿Fácil? Una fórmula de química va a ser siempre igual, mientras que un lenguaje cambia a diario y lo más importante, somos los propios humanos los que lo cambiamos y para eso tiene que existir un filólogo, para estudiar esos cambios, para analizarlos, para ENSEÑARLOS. ¿De qué sirve saber mucho de cualquier competencia si no sabes hablar? Quedamos representados por nuestro lenguaje, es nuestro vehículo de expresión y conocimiento. Somos lenguaje. Por eso es importante manejarlo y conocerlo a la perfección. Algo que, aunque parezca básico, muy poca gente consigue.

Luego viene la literatura. “Hay que ser muy tonto para estudiar los libros de alguien que desapareció hace siglos”. Cuántas veces habremos oído cosas de este tipo, y es que a nadie le gusta la literatura, a todos les parece una pérdida de tiempo, eso sí, cuando me quiero hacer el culto, cito algún autor célebre sin pensarlo. Y si es en latín mejor, que esta es una lengua muerta inútil hasta que la necesito para aparentar que mi cerebro muerto (pues es verdaderamente lo único muerto que hay en esta situación) ha resucitado.

Durante siglos, las humanidades, el trívium eran los conocimientos más valorados. Fue a partir del siglo XVIII cuando esa concepción empezó a cambiar y las ciencias empezaron a ser más valoradas pero aun así, ambas competencias convivían armoniosamente en una situación de igualdad y respeto, pues ambas son necesarias. En mi opinión, ha sido en este siglo, con el incremento de las tecnologías, lo que ha hecho cambiar esta perspectiva y dejar las humanidades relegadas a esos a los  que “no se les dan bien las matemáticas”. Cuánta ignorancia, ¿no?

El principal problema de esta cuestión es que la gente entiende por filología la asignatura de lengua y literatura en bachillerato. Vamos a utilizar el cerebro un poco de manera abierta, aunque a algunos les cueste: elijan cualquier carrera: Matemáticas, Química, Física o incluso, Historia. ¿Se da lo mismo que en el colegio? No, ¿verdad? No tiene ni punto de comparación y nadie lo duda, entonces, ¿por qué sí se piensa eso de las filologías? Como con todo en la vida, hablar es muy fácil y más, si no se sabe nada acerca del tema en cuestión. 

Por desgracia, no creo que ni este ni ningún artículo sirva para hacer cambiar esas mentes cuadriculadas que piensan lo que estamos tratando de combatir. Sin ninguna duda, todo depende de la educación y la tolerancia que tenga cada uno. Nosotros podemos afirmar alto y claro que hacemos lo que nos gusta, por vocación, sin importarnos el qué dirán o lo que suceda mañana. Algo que no todos pueden decir.

Estudio Filología porque pienso que la vida no está formada por cosas exactas, que no todo es blanco y negro. A veces hay que cotejar, como si de manuscritos se tratase y descubrir que la verdad no siempre es lo que se ve a primera vista y que hay que ir más allá: los sentimientos, las pasiones, lo inefable, lo indescriptible. Somos vida gracias a esto y no es precisamente ciencia.

Nunca dejen de aprender y de hacer lo que verdaderamente les llene.

            Soy de Humanidades y estudio Filología porque vivo.

Este artículo ha sido realizado por @FilolCabreados en Twitter

jueves, 16 de junio de 2016

Costumbres latinas de hoy (I)

Siempre se dice que el latín, así como el griego, no tiene cabida hoy en día. Que es algo del pasado y que ya no sirve para nada. La gente que suele mantenerse firme en esta postura realmente no conoce que, muchas de las costumbres y la cultura que poseemos hoy en día, procede de Grecia y Roma. Todas estas costumbres han sido adaptadas a causa del paso del tiempo, de la religión, del cambio de pensamiento y demás factores.  Vosotros, lectores, seréis quienes juzguéis las similitudes y diferencias entre las costumbres latinas que explicaremos a continuación y la realidad de hoy día.

El primer aspecto que trataremos será el matrimonio. Este se corresponde con el término latino connubium (además de otros) y era considerado por los romanos como un acuerdo o contrato entre familias, lideradas por el pater familias, cuya finalidad principal era la de legitimar la gens y preservar los cultos y costumbres familiares.

Existían también distintos tipos de matrimonio. De entre los más famosos destacar el matrimonio cum manu o ad manus, en el que el marido tenía derecho sobre los bienes de la esposa. En contraposición a este existía el matrimonio sine manu en el cual dichos bienes seguían siendo competencia del padre de la novia. Uno de los aspectos a destacar era el uso del anillo de compromiso. Sabemos que los romanos gustaban de todo tipo de ajuares y joyas e incluso introdujeron la costumbre de que ambos contrayentes llevaran un anillo como muestra de su compromiso y a modo de “firma del contrato”.

Como todo contrato obviamente podía ser anulado por distintas causas. Estas podían ser la muerte de un cónyuge, pérdida de la ciudadanía, adulterio y demás. A su vez, existían alternativas al matrimonio como el concubinato (convivencia de un hombre y una mujer con una serie de reglas) o el contubernio (convivencia de esclavos con hombres libres o esclavos con sus semejantes).

Otro aspecto del que vamos a hablar a continuación es del ámbito funerario. Las ceremonias relacionadas con el funeral (funus) en Roma variaban según el rango económico del fallecido. Así podemos distinguir funus militare, funus publicum o funus imperatorum entre otros. Este rango que giraba en torno a las riquezas afectaba también en el sepulchrum y su decoración, más monumental para las gentes ricas y mucho más humilde para las clases más bajas. Además en Roma se hubo de moderar el lujo en los funerales ya que las personas más ricas comenzaron a excederse en la decoración y en el encargo de tumbas monumentales.

Todos estos tipos de funus anteriormente mencionados tenían en común la celebración de una procesión funeraria (pompa) que solía hacerse de noche con el difunto conducido en un feretrum hasta la necrópolis situada extra muros. Podemos destacar también la creación de diferentes tipos de tumbas. Destacan la tumba en caja, las ánforas o las cajas de madera cerradas con clavos.

El último aspecto es el de las supersticiones en Roma. Podemos definir la superstición como una creencia sin fundamento racional que consiste en atribuir carácter mágico o sobrenatural a determinados sucesos aleatorios durante la vida cotidiana.

Los romanos gustaban mucho de estas creencias paranormales e incluso podríamos hablar de su trato en el ámbito público y privado. En cuanto al primero sabemos de la presencia de augures y otros sacerdotes encargados de la predicción del futuro o de procurar el bienestar de la ciudad realizando una serie de ritos y cultos a los distintos dioses. Esta es la causa de la realización estricta de los ritos en Roma. En el ámbito privado se alude a las ceremonias en el lararium del hogar a los distintos dioses domésticos.

Algunas de estas supersticiones eran, por ejemplo, la caída de un cuadro, ver la luna nueva desde la ventana o tropezar al salir por el umbral de la puerta.

En este enlace podéis leer la segunda parte de este artículo: Costumbres latinas de hoy (II):  

Este artículo ha sido realizado por Ana Belén García (@anabgarcia20 en Twitter)

domingo, 5 de junio de 2016

Características generales del Teatro

El teatro tiene un triple origen. En primer lugar, es un teatro autóctono propiamente itálico; en segundo lugar, tiene un origen etrusco; por último, está muy influenciado por el teatro griego. Influyen también las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, además de la comedia de Aristófanes y Menandro. Subgéneros:

- Tragedia:

Coturnata, inspirada en los griegos.
Praetexta, inspirada en los romanos.

- Comedia:

Paliata, inspirada en los griegos.
Togata, inspirada en los romanos.
Atelana, historias populares, con máscara.
Mimo, historias populares, sin máscara.

- La máscara. Para sus interpretaciones, los actores llevaban una máscara. Eran de madera ligera y tela, y servían de altavoz. Las máscaras representaban a personajes tipo.

- Personajes y argumentos. Para Aristóteles, el personaje es el argumento. Los personajes, según la tragedia o la comedia, pueden ser:

Tragedia: Dioses, héroes, reyes… Son personajes que desarrollan historias importantes.
Comedia: Los personajes son gente sencilla (amada, criado, amante). Son historias sencillas de enredo.

- Estructura de una obra:

Tragedia: Cinco actos. Cada acto cuenta con diálogos y el coro.
Comedia: Cinco actos. Con diálogo pero sin coro (en Grecia si había coro).

- Lenguaje:

Tragedia: Lenguaje grandilocuente y elevado, que caracteriza al personaje (verso).
Comedia: Lenguaje coloquial (verso).

- Fin:

Tragedia: El fin es la purificación (catarsis).
Comedia: Crítica social a través del humor.

Los autores que cultivaron este género y sus obras más importantes son:

- Tragedia: Marco Pacuvio (sólo fragmentos); Séneca: Hercules furens, Medea, Agammenon y Medea (coturnatas) / Octavia (praetexta).
Comedia: Plauto: Anfitrion, Aulularia, Asinaria y Miles gloriosus; Terencio: Andria, El eunuco, Los Hermanos y Formio