miércoles, 13 de abril de 2016

Odoacro, Teodorico y el fin de Occidente

Aunque la Pars Occidentalis del Imperio cayó en el 476, el espíritu de que seguía vivo duró unos años más, o al menos los dirigentes mantuvieron esa ilusión. Fue Odoacro, rey de los hérulos y uno de esos bárbaros que tantas veces habían saqueado ya Italia implicado, a veces, en la caída y subida de efímeros emperadores. Pero esta vez no, esta vez fue diferente; Odoacro depuso al emperador occidental, Rómulo Augústulo en la fecha infame de 476, y se proclamó Rex Italiae, o lo que es lo mismo: Rey de Italia. No hubo sucesor, cosa extraña que dejó confusos a los integrantes de las altas cúpulas, “¿Cómo iba a desaparecer el Imperio, aquel que durante casi dos mil años dominó el mundo, fue faro de la cultura y terror de los bárbaros?”, se preguntarían.


Rómulo Augústulo le entrega la corona a Odoacro
Por aquel entonces Zenón gobernaba la Pars Orientalis en calidad de emperador. Para combatir esta situación el Emperador ofreció el puesto y título de Magister Militum Occidentalis a Odoacro (evitando que actuase como rey), el puesto más importante tras el de Emperador en Occidente, pues le convertía en el jefe (ahora teórico) de los ejércitos de una de las mitades del Imperio. A cambio, el rey de los hérulos se mandó trasladar las señas de la dignidad imperial occidental (corona, cetro, etc) a Constantinopla, a manos de Zenón; y se mantendría, nominalmente, bajo el poder del Emperador.

Zenón jugó bien sus cartas, todo parecía ir bien, en su figura ahora se reunían los títulos de Emperador de Occidente y Oriente, el Imperio volvía a estar unificado bajo una misma persona; Odoacro, gracias a su nuevo título, consiguió más prestigio y poder y se hizo con el gobierno de toda Italia y otras partes cercanas, aunque actuaba como supuesto agente del Imperio Oriental. Todo parecía ir bien.

Pero pronto la situación se complicó. Dos años antes de caer Rómulo Augústulo, Teodorico subió al trono ostrogodo, un pueblo federado de Roma situado a las orillas del Danubio, y había empezado una campaña de hostigamiento contra los hérulos de Odoacro. Esto asustó tanto a Odoacro, por razones obvias, y a Zenón, que pensaba que podrían traspasar sus fronteras y adentrarse a saquear en Oriente. Lo que empezó siendo una desventaja, el Emperador lo tornó en ventaja: como empezaba a temer que la ambición de Odoacro lo llevase a atacarle, decidió sobornar a Teodorico para que dejase en paz las fronteras orientales y se dedicase a guerrear en Italia contra los hérulos.

En el 488 Teodorico invade Italia y Zenón, sentado en su trono, espera a que ambas tribus se debiliten en una larga guerra o se autodestruyan para poder reconquistar Italia y extender su poder de una forma práctica. Unos años después, en el 491, muere Zenón, tal vez feliz por ver que puede ser el que reunifique el Imperio Romano. Le sucede Anastasio, que verá como el sueño de Zenón se resquebraja. Dos años después de que el nuevo emperador subiese al trono, los ostrogodos de Teodorico logran dar muerte a Odoacro y se hacen con su territorio.

Es aquí donde nos damos cuenta de que a Zenón le salió el tiro por la culata, y es Anastasio quien carga con las consecuencias: Teodorico se hace rey y señor de las antiguas tierras de los hérulos, pero a diferencia de Odoacro, éste no acepta actuar como agente del Imperio y rechaza el título de Magister Militum Occidentalis y someterse a Constantinopla. Ahora sí que sí, Occidente ha caído en manos de los bárbaros sin que el poder imperial llegue a la cuna del Imperio.

Pero Anastasio no se quedará con los brazos cruzados e iniciará una política para intentar meter a Occidente en su órbita mediante la autoridad religiosa. Rápidamente empieza a entablar contacto con el Papa de Roma, pues es católico como el Emperador mientras que Teodorico profesaba el arrianismo, una herejía cristiana. Los romanos católicos empiezan a urdir intrigas y planear complots para derrocar a los ostrogodos. Teodorico se da cuenta y enfurece, convirtiendo su reino en una tiranía.

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Pero la situación dará otra vuelta de tuerca cuando Clodoveo, rey de los francos en la antigua Galia, se bautiza (¿496, 499?) por el rito católico. Es aquí cuando Anastasio, viendo este acontecimiento como una oportunidad, pone sus ojos en la Galia para intentar absorber Occidente en la órbita imperial. Este alejamiento de Italia enfadará tanto a los ostrogodos, que verán perder un posible aliado y socio, y a la Iglesia de Roma, que sentirá abandonada por Anastasio.

Finalmente Anastasio muere en el 518 dejando una política infructuosa como herencia. Teodorico morirá en el 526, dejando su reino sumido en la violencia y el caos, situación que el emperador Justiniano aprovechará de manera eficiente para, al fin, recuperar de manera efectiva gran parte de los antiguos territorios occidentales. 

Este artículo ha sido realizado por Fernando Pachón (@MmmmmFocas en Twitter)

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